A prueba, el liderazgo de Barack Obama

Se prevé un voto de castigo en las elecciones intermedias

Revista Vértigo Ángel Hernández (con declaraciones de Armando Azúa, académico de OMCIM).
ahernandez@revistavertigo.com

En opinión de los expertos, los republicanos pueden recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes, dando lugar a un Congreso dividido que dificultaría las reformas y medidas que pretende impulsar el presidente de EU en la segunda mitad de su gestión.

Estados Unidos llega a las elecciones intermedias del 2 de noviembre —a la mitad de la presidencia de Barack Obama— en un clima afectado por las secuelas de la crisis financiera y económica, un nivel de desempleo sin precedente, una sensación de derrota por las guerras en Afganistán e Irak, y un sentimiento de decepción en amplios sectores de su sociedad, insatisfecha con los resultados obtenidos por el actual jefe de la Casa Blanca.
Esta contienda electoral es, sin duda, clave para el futuro político del mandatario: la contienda incluye los 435 asientos de la Cámara de Representantes, 36 de los 100 escaños del Senado y 37 gubernaturas.
El proceso se ha caracterizado por duras campañas contra el presidente demócrata, en especial por parte del movimiento de extrema derecha del Partido Republicano, el Tea Party, surgido a raíz de medidas adoptadas por la actual administración en materia fiscal, de salud pública y de ayuda gubernamental, y hoy convertido en un factor de presión y crítica contra el gobierno.
De acuerdo con varias encuestas, los republicanos pueden recuperar la mayoría en la cámara baja y dar una dura pelea en el Senado, aunque analistas de ese país prevén un Congreso dividido, lo que en su opinión dificultará las reformas y medidas que adoptará Obama en la segunda parte de su gestión.
Entre los pendientes del mandatario estadunidense están una reactivación más rápida de la economía más importante del mundo, impulsar una reforma migratoria que hasta ahora no ha logrado consensuar, y restablecer el liderazgo internacional de Estados Unidos, luego de las guerras en Afganistán e Irak, retos que deberá sortear lo más pronto posible para estar en condiciones de aspirar a un segundo mandato en la Casa Blanca en 2012.
Dura prueba
A dos años de las históricas elecciones en las que Barack Obama logró ganar la presidencia con un discurso renovado de cambio que entusiasmó a la mayoría, sobre todo a los jóvenes —hartos de ocho años de gobierno del presidente republicano George W. Bush—, los estadunidenses vuelven a las urnas en un clima social difícil, con un desempleo que afecta a 9% de la Población Económicamente Activa (PEA), lo que significa que 15 millones están sin trabajo.
Y aunque Obama afirma que a la mitad de su administración ha cumplido 70% de sus 506 promesas de campaña —lo que es puesto en duda por sus rivales políticos—, sondeos realizados por empresas como Gallup y diarios de ese país previo a las elecciones muestran que siete de cada diez estadunidenses (72%) tienen hoy una mala imagen de su gobierno, al que califican como “demasiado grande, confuso, corrupto e incompetente”.
Las medidas adoptadas por el gobierno han dado asimismo magros resultados en materia económica y social, por lo que se encuentran lejos de las transformaciones ofrecidas por el presidente en campaña, lo que abre la posibilidad de una recuperación republicana después de la derrota que sufrieron en 2008 a consecuencia del desprestigio y la mala administración de George W. Bush.
Así, en medio del desencanto, los comicios en Estados Unidos serán una dura prueba para el gobierno demócrata de Barack Obama, cuyos resultados darán una idea de qué tan fuerte continúa la estrella de un personaje con una carrera política meteórica, que logró convencer a la mayoría de los estadunidenses de la necesidad de un cambio profundo en su país.
El factor Tea Party
Analistas electorales en Estados Unidos coinciden en que el Partido Republicano saldrá fortalecido de los comicios, pero sobre todo sacará ganancia el movimiento Tea Party, que logró posicionar a varios de sus candidatos en estados clave.
El empuje de ese movimiento a la causa republicana le ha permitido retomar fuerzas después de la desastrosa administración de George W. Bush.
El Tea Party —que tiene en la ex candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin, a una de sus figuras más connotadas— es un conglomerado de fuerzas conservadoras que surgió en los primeros meses de 2009 como respuesta al paquete de estímulo fiscal promovido por el presidente Obama, el American Recovery and Reinvestment Act of 2009 o Ley de reinversión y recuperación de Estados Unidos 2009.
El movimiento surgido de la sociedad civil se identifica como de ultraderecha y conservador, que se opone a la reforma de Obama en salud pública o de cualquier ayuda o impuesto estatal, y rechazan cualquier control sobre la posesión de armas.
En su ideario abogan por una presencia mínima del Estado en la sociedad, así como por la libertad total del individuo, comulgan con el individualismo y rechazan el multiculturalismo y la inmigración.
Para los analistas, el riesgo para los republicanos es que varios de los candidatos de ese movimiento podrían obtener el triunfo y con ello asumir posiciones extremas que alejarían a su partido de sectores de la sociedad que se oponen a manifestaciones de ultraderecha.
De los 435 lugares que estarán en juego en la cámara baja, 36 de los 100 del Senado y 37 gubernaturas, se calcula que 138 candidatos son impulsados por ese movimiento, que ha invertido fuertes sumas en las campañas y realizado movilizaciones para mostrar su fuerza.
Se estima que 18% del electorado se identifica a sí mismo como integrante o simpatizante del Tea Party, que se ha propuesto reducir a su mínima expresión la intervención del gobierno y recuperar los valores de la derecha cristiana estadunidense.
Apoyo de Clinton
En este contexto electoral complejo, afectado por el elevado índice de desempleo que daña la popularidad de Barack Obama, el Partido Demócrata recurrió al ex presidente Bill Clinton como apoyo para sus candidatos, pues cuenta con gran popularidad entre los estadunidenses.
Una encuesta Gallup revela que 26% de los electores declaró su intención de votar a favor de un candidato demócrata que se presenta al lado de Clinton, mientras sólo 19% lo hará si el aspirante se muestra al lado Obama.
Además, 40% manifestó que lo pensaría dos veces antes de votar por un candidato que comparezca al lado de Obama, mientras que 26% haría lo mismo en caso de que cerrara su campaña al lado de Clinton.
“Ahora mismo, Bill Clinton se ha convertido en una figura más benigna que Barack Obama y su impacto positivo en las contiendas de candidatos demócratas a la Cámara de Representantes, al Senado o a las gubernaturas es más significativo entre los electores independientes”, destacó la encuestadora.
Leales, pese a todo
Factor determinante para que Barack Obama obtuviera el triunfo por la presidencia, los hispanos están decepcionados porque después de dos años de gobierno el presidente no ha cumplido su promesa de impulsar una reforma migratoria, que daría estatus legal a casi doce millones de personas que se encuentran como ilegales.
Y si bien en 2008 votaron en una proporción de más de dos a uno en favor de Obama, la promesa incumplida provoca desinterés por las elecciones, aunado a la difícil situación de la economía, aspectos que preocupan al Partido Demócrata y se podrían reflejar en falta de apoyo a sus candidatos.
La decepción de la comunidad hispana con el actual gobierno puede provocar que decidan no ir a votar, de acuerdo con estrategas del Partido Demócrata, lo que confirman estudios realizados por el Pew Hispanic Center que muestran que sólo 51% de los votantes hispanos registrados planea asistir a las urnas, en contraste con 70% del electorado en general.
Sin embargo, no todo son mala noticias para el partido en el poder: de acuerdo con ese mismo centro de estudios, dos tercios del electorado hispano registrado (65%) han manifestado su intención de votar por candidatos demócratas en su distrito electoral, a pesar de las pocas promesas cumplidas, mientras que sólo 22% lo hará a favor de un candidato republicano.
La lealtad de los hispanos hacia el Partido Demócrata se mantiene, aunque hoy más de la mitad (51%) considera que las políticas de la administración de Barack Obama no han tenido ningún efecto entre la comunidad, mientras que 13% piensa que han sido dañinas.
Y no obstante que la inmigración sigue estando detrás de otras prioridades, como el empleo, la salud o la educación, la oleada de rechazo que ha traído consigo la campaña contra los inmigrantes en estados como Arizona, que promovió la Ley SB1070 calificada de racista por el propio gobierno federal, ha conseguido reagrupar el apoyo de los hispanos al Partido Demócrata.
Los retos de Obama
El profesor del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana, Armando Azúa García, afirma que Obama recibirá un voto de castigo por las promesas de campaña no cumplidas, aunque destaca que han sido dos años muy difíciles en los que ha enfrentado la crisis financiera, la caída de la economía y el desempleo.
“Su llegada a la presidencia generó gran expectativa. Pero es difícil que un presidente pueda lograr en un tiempo tan corto todo lo que promete. Obama ha hecho en estos dos años la transición de un exitoso candidato a un político que tiene que ver las realidades de su país”, agrega.
Azúa explica que uno de los factores adversos de Obama es el desempleo, que alcanza un promedio de 9%, nivel nunca visto en ese país, y el electorado que votó por él no ve los resultados que esperaba.
“Al parecer, el desempleo y la crisis económica iban superándose, pero los últimos indicadores muestran que no es tan rápida esa recuperación, lo que le afecta y le pasa una factura importante”, señala el experto.
De los ataques que ha recibido el presidente Obama por parte de los republicanos y en especial del movimiento Tea Party, Azúa García dice que ese tipo de campañas son frecuentes en aquel país, pues hay grupos de opinión que polarizan o sacan a la luz temas polémicos para golpear al candidato oponente.
Sin embargo destaca que no son comunes los ataques que ha recibido Obama, que han sido racistas y a quien acusan de comunista, lo que califica como una barbaridad, pues es un presidente convencido de las virtudes del sistema político y económico de Estados Unidos y para quien el Estado debe jugar un papel más importante en ciertos sectores como la seguridad social o el control de la inversión financiera.
Considera que si bien Barack Obama ha dejado pendientes algunos temas como la reforma migratoria, y sus políticas para impulsar la economía todavía se ven reflejadas en la vida diaria de los estadunidenses, ha logrado sacar adelante importantes acciones como la reforma al sistema de salud y al sector financiero, además de que ha recompuesto la imagen e influencia internacional.
Y ante el escenario de que la segunda parte de su mandato se encuentre frente a la conformación de un Congreso dividido, Azúa prevé que Obama tendrá que hacer un mayor cabildeo con los republicanos para sacar adelante temas pendientes como la reforma migratoria, que con una mayoría republicana en la Cámara de Representantes será más difícil de procesar.
“Así, el reto de Obama con la nueva conformación del Congreso será planear su reelección, lo que no será fácil, ya que primero tendrá que resolverla al interior de su partido y después con el electorado en general, que está decepcionado con su gobierno; tendrá que convencerlos de que si los cambios no han salido no es por su culpa sino porque el entorno no se lo ha permitido”, concluye.

www.revistavertigo.com/videogaleria2.aspx

Un comentario el “A prueba, el liderazgo de Barack Obama

  1. Jorge Garcia dice:

    La segunda parte de la campaña del presidente Obama será donde realmente se vea de qué está hecha la administración demócrata. Con un índice de oposición tan alto por parte del pueblo norteamericano se podría pensar en un momento de reivindicación, de las acciones en lugar de las palabras, la imagen mediática y las redes sociales poco podrán ayudar en esta campaña.

    Sin embargo esto resultará muy complicado sin una mayoría en el senado, por lo que se podría pensar en un futuro poco alentador, con pocas reformas, mucho descontento social y, evidentemente, un regreso triunfal de la partida republicana a la Casa Blanca.

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