La noche de Sarah Palin

ANTONIO CAÑO (El País)

Eran tan bajas las expectativas sobre la actuación de Sarah Palin, que el simple hecho de que no confundiera Pakistán con Afganistán o la crisis financiera con el cambio climático fue suficiente como para que el debate entre los candidatos a la vicepresidencia norteamericana, aún sin tener un claro ganador, signifique una ayuda para la candidatura republicana y, probablemente, una nueva revitalización de las bases conservadoras en un momento en que se extendía el pesimismo.

 

 

Al no fracasar estrepitosamente, como había hecho en sus recientes entrevistas en televisión, Sarah Palin le permite, efectivamente, a John McCain seguir creyendo en la victoria. Es difícil, sin embargo, que este debate marque un giro significativo en el rumbo de la campaña electoral.

 

El candidato demócrata, Joe Biden, tuvo una buena actuación. Demostró mayor conocimiento sobre la mayoría de los temas y defendió con inteligencia y pasión el mensaje de cambio que quiere representar Barack Obama.

 

Pero era muy difícil para él ganar esta batalla porque enfrente no tenía un contrincante tradicional; tenía un símbolo, un mito aceleradamente creado y educado por el movimiento conservador para hacerlo pasar como el rostro del americano común. Es difícil pelear contra el americano común cuando éste se te para delante y te dice: ojo, que yo soy el americano común, puede que no sepa tanto como tú, pero YO SOY este país.

 

Eso fue lo que hizo Palin durante los 90 minutos del debate, celebrado en la Universidad de Washington, en San Luís (Misuri) y seguido por cerca de 60 millones de espectadores. Dos sondeos hechos por las cadenas CBS y CNN dieron la victoria a Biden por más de diez puntos. Pero, en ambas encuestas, Palin fue valorada con mayor credibilidad y con una actuación por encima de lo esperado.

 

Fue una noche en la que lo más importante no fue lo que se dijo sino cómo sonó lo que se dijo. No había ayer en los medios de comunicación muchas frases rescatadas de este debate. Lo que sí hay son muchas sensaciones y una opinión dividida de acuerdo al color político sobre quién fue el verdadero triunfador.

 

Una de esas sensaciones es la de que Joe Biden le habló a la clase media mientras que Sarah Palin simpatizó con la clase media. Uno se refirió a los problemas económicos que amenazan el bienestar norteamericano. La otra recurrió a todos los tópicos del populismo local y a su etiqueta de hockey mom para identificarse emocionalmente con esos norteamericanos que sufren. Uno expuso algunas propuestas. La otra miró a la cámara de frente, gesticuló con gracia e hizo simple y vulgar populismo.

 

“¿Puedo llamarte Joe?”, fueron las primeras palabras de Palin y las que anticipaban el tono de la noche.

 

Biden, por su parte, empezó aludiendo al reciente terremoto en el sistema financiero, que describió como “la última prueba de que la política económica de los últimos ocho años ha sido la peor política económica que hemos tenido jamás”.

 

Frente a eso, Palin, en lugar de defender esa política o proponer otra distinta, criticó el hecho de referirse al pasado. “Para una candidatura que dice representar el cambio y mirar hacia el futuro, se apunta demasiado con el dedo hacia atrás, lo que nos hace pensar que es para allá para donde vamos”, replicó.

 

“En este caso, el pasado es el prólogo”, insistió el compañero de ticket de Obama. “El asunto aquí es cómo de diferentes van a ser las políticas de McCain de las de George Bush y yo no he oído nada hasta el momento sobre eso”.

 

Palin sostuvo que el verdadero cambio es el representado por McCain y que la única política económica correcta es aquella que arrasa con el Estado. “Tú dijiste recientemente que subir impuestos era patriótico”, le reprochó a Biden, utilizando una frase manipulada del candidato vicepresidencial demócrata. “En la clase media de América, a la que Todd (su marido) y yo pertenecemos, eso no es patriótico. Patriótico es decirle al Estado: tú no eres siempre la solución; de hecho, frecuentemente tú eres el problema, afloja la presión fiscal sobre nuestras familias y apártate del camino del sector privado”.

 

Biden parecía, por momentos, perder la paciencia ante la reiteración de generalidades con la que Palin respondía a cada pregunta. “Tome nota de que no ha dicho cuál es su plan de retirada de Irak”, le recordó en un momento determinado a la moderadora del debate. “Tu plan es una bandera blanca de rendición, y eso no es lo que nuestros soldados quieren oír”, contestó Palin.

 

La candidata republicana surcó peligrosamente las aguas del conflicto palestino-israelí, Oriente Medio y la amenaza terrorista sin grandes descalabros, aunque con algún atrevimiento, como el de proponer el controvertido traslado de la embajada norteamericana en Israel a Jerusalén.

 

Advirtió del peligro que supone la propuesta de Obama de negociar con los enemigos de Estados Unidos. A lo que Biden volvió a recordar que el verdadero peligro lo constituye quien no está dispuesto a sentarse a hablar “ni siquiera con un aliado y socio en la OTAN como es el Gobierno de España”.

 

Biden demostró solvencia al hablar de política exterior, buen criterio sobre cómo afrontar las crisis actuales en la economía, la ecología o la energía, y expuso un convincente proyecto de cambio. Claramente era la única persona en ese escenario preparada para el cargo por el que pelean.

 

Pero la noche no le pertenecía a Biden. La noche era de Palin; ella era la que se sometía a examen, y lo pasó.

 

“!Un golazo!”, dijo Rudy Giuliani como resultado del debate. “Los detractores de Palin deberían ahora de avergonzarse de sí mismos”, añadió Fred Thompson, otro ex candidato presidencial. El entusiasmo de los conservadores era evidente en sus palabras y en sus webs.

 

De parte demócrata, el debate se ve como un mero obstáculo más en una carrera que ya se acerca a su fin; un obstáculo salvado sin demasiadas complicaciones. “Siempre habíamos dicho que Palin era una política talentosa, y esta noche lo ha demostrado”, reconoció el director de la campaña de Obama, David Plouffe. “Pero está vendiendo un producto fraudulento”, añadió.

 

Después de esto, es posible que McCain haya respirado con alivio de saber que su compañera de ticket, que había desatado la preocupación general por su inocultable ignorancia y superficialidad, no le ha hundido definitivamente. Pero Palin no va a poder hacer ya mucho más por el triunfo de su candidatura; el resto está en manos de McCain. El próximo debate, el martes.

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