McCain

Héctor Aguilar Camín, Milenio

 

Me sorprenden los reportes de The New Republic sobre John McCain como un hombre divertido, de peculiar espíritu sarcástico y autodeprecatorio.

Lo tenía en mi cabeza como un solemne y elocuente patriota. La revista lo cita en un mitin de Savannah diciendo: “Crecí cerca de una planta nuclear. Miren cómo quedé”. Pausa. “Era más alto”.

 

Según The New Republic, una revista conservadora de Nueva York, la faceta sarcástica de McCain ha empezado a embonar naturalmente con la tradición republicana de recurrir a la personalización, el humor y la mala leche en sus campañas electorales.

 

Los republicanos son superiores en esto a los demócratas, según la revista: se burlan mejor e instalan con más facilidad bromas duraderas sobre los candidatos demócratas.

 

Las ostensibles ventajas de Barack Obama en términos de gran discurso, y su ventaja en las encuestas, inferior a su popularidad fuera de Estados Unidos, agudizan en estos días las tendencias republicanas a la sátira.

 

Populares comentaristas conservadores hacen la tarea. Russ Limbaugh, un guru mediático de derechas, ataca el flanco profético de Obamma llamándolo una y otra vez “El Mesías, El Señor, Barack Obama, el más misericordioso, el hombre niño”. Ann Coulter ataca su flanco musulmán: “El Hussein menos peligroso que conozco”. El influyente blog conservador Little Green Footballs, le pone un toque gay al referirse a él como “la Princesa Obama”.

 

McCain ha recibido buenos golpes de Obama (“No es que no le importe, es que no le entiende”) pero ha dado algunos:

 

“Admiro y respeto al senador Obama. Para ser tan joven y tener tan poca experiencia, lo ha hecho muy bien”.

 

Cuando Obama declaró que haber vivido en el extranjero le daba calificaciones para tomar decisiones de política exterior, McCain respondió: “También pienso que soy el mejor calificado para correr el decatlón porque me la paso viendo deportes en la tele”.

 

El camino de McCain recuerda a la revista el memorable tiro del viejo Ronald Regan contra su más joven adversario Walter Mondale, en 1984: “No voy a convertir la edad en un tema de campaña. No voy a explotar políticamente la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

 

Nada sino esto quisiera sembrar McCain con su sarcasmo, según The New Republic: subrayar la pretensión absurda de que un senador novato pueda presidir la nación en tiempos de guerra.

 

Según una encuesta Gallup de antier, Obama lleva una ventaja de ocho puntos a McCain (50-42), uno menos de lo que le llevaba en julio (49-40).

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